• Jorge Tirzo

Colonia roma, la nueva Ciudad de México

La Colonia Roma es algo así como la punta de lanza de la transformación de la Ciudad de México. Si en los años 80 sus calles eran sinónimo de inseguridad, ahora son las más frecuentadas por los artistas y bohemios chilangos. En una ciudad todavía dominada por los coches, en este barrio existe la posibilidad real de moverse en bicicleta. Lo que nació como un exclusivo residencial porfiriano está ahora repleto de galerías de arte, boutiques de ropa vintage y los restaurantes más alternativos.




En realidad hay dos colonias Roma. La zona sur conserva todavía su carácter residencial, aunque poco a poco comienzan a verse nuevos restaurantes y bares. La Roma Norte es uno de los corredores culturales más importantes de la ciudad, junto a su vecina la colonia Condesa. Su trazado original imitó, a finales del siglo XIX, los cánones urbanísticos franceses, tal y como le gustaba al presidente Porfirio Díaz. Los nombres de sus calles deben sus nombres a las ciudades europeas que visitaba un circo asentado en el antiguo pueblo de La Romita, que fue la base para la construcción de la colonia.


Las dos vías principales para pasear son la avenida Álvaro Obregón, de este a oeste y repleta de restaurantes, así como la avenida Orizaba, de norte a sur. En esta última se encuentran los dos parques que articulan la vida cotidiana del barrio: la plaza Río de Janeiro, con su réplica del David de Miguel Ángel, y la plaza Luis Cabrera, con su fuente en forma de trébol. Ambos van cambiando de ambiente conforme pasa la jornada. A mediodía se llenan de niños que salen de las escuelas cercanas; por la tarde es el turno de los jóvenes universitarios que salen de sus clases y por la noche de adultos jóvenes que acuden a sus bares o restaurantes.


Un buen paseo introductorio por la Colonia Roma podría comenzar en la glorieta de Insurgentes (Metro Línea 1; Metrobús Línea 1), donde podemos alquilar una Ecobici rumbo a la plaza Río de Janeiro, donde podemos tomar un café en Toscano (Orizaba 42), con vistas al parque. La fuente del David es el punto ideal para tomarse un descanso del trabajo, conversar con algún amigo o pasear a los perros. El paseo continua después por la calle de Orizaba rumbo a la plaza Luis Cabrera, unas calles más allá de Álvaro Obregón. También se pueden visitar los parques en sentido inverso, pues están trazados en espejo (acentuado recientemente por el hecho de que en ambos hay sucursales del café Toscano).





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