El Jockey Club de México

La colonia Hipódromo Condesa se levantó sobre los terrenos de la pista de carreras de caballos del mismo nombre, propiedad del Jockey Club de México. Esta asociación reunía a los más poderosos de la sociedad porfiriana, se fundó en 1881 con el objetivo de mejorar el ganado caballar, abrir un casino y un hipódromo. Entre los socios de tan elitista club se encontraban Porfirio Díaz Jr., los Casassús, De la Torre y Mier, Braniff, Pearson, Escandón, Limantour, Sánchez Ramos, Rincón Gallardo, Scherzer, Bermejillo, Pimentel y Fagoaga.

En el año de 1903 compró la colonia Condesa S.A un predio de 300 000 m2, pero debido a cambios en el trazo del fraccionamiento, la Compañía Bancaria de Obras y Bienes Raíces, propietaria en 1908 de la colonia, se lo canjeó por otro, pagándole una compensación de 110 000 pesos, que debía invertir en la construcción del hipódromo, y el gobierno federal le cedió una manzana contigua a sus terrenos, con la cual su propiedad sumo 467 844 m2. El Hipódromo Condesa abrió sus puertas en octubre de 1910, con una carrera a la que asistió una numerosa concurrencia, entre la que destacaban políticos, diplomáticos y hombres de negocios. Cinco meses después de la subversión de Victoriano Huerta que derrocó a Madero, los miembros del Jockey Club decidieron disolverse debido a que nunca se constituyeron legalmente mediante escrituras, el 10 de julio de 1913, se convirtieron en Jockey Club de México, Sociedad Cooperativa Limitada. Para mantener el carácter ‘’exclusivo’’ estipularon que ésta reservaría el derecho de aceptar a nuevos socios en caso de venta o donación de las acciones.
Después del huracán revolucionario aumentó el regreso de familias porfiristas y clérigos que se habían exiliado durante la lucha armada, con la política conciliadora del gobierno provisional de Adolfo de la Huerta y el de Álvaro Obregón; la vieja clase alta retornó lentamente a sus actividades, entre ellas las carreras de caballos, que reivindicaron en 1921 en el Hipódromo de la Condesa. Durante las temporadas se daban cita en su pista los miembros de la oligarquía profiriera, que presenciaban el espectáculo al lado de algunos funcionarios revolucionarios, como el secretario de Relaciones Exteriores y posteriormente de Hacienda, Alberto J. Pani y su esposa, doña Esther Alva de Pani; algunos representantes diplomáticos y ocasionalmente el presidente Obregón, y otros políticos y militares destacados.

La banda militar, enviada por la guarnición de la plaza, amenizaba la estancia de los asistentes, ejecutando piezas musicales. El derby mexicano de mayo de 1922, que congregó a 10 000 espectadores, atrajo la atención de los cronistas sociales, quienes festejaban con nostalgia su reposición, pues se había suspendido desde 1910. Como en los viejos tiempos, en las notas periodísticas se respiraba la mentalidad aristocrática y extranjerizante del antiguo régimen:

No puede ya dudarse que el deporte hípico es ya el espectáculo favorito de la elite y a donde concurre lo mejor de nuestra sociedad. Las familias se dan cita en el grandioso Hipódromo de la Condesa y con su presencia ofrecen uno de los más interesantes atractivos, ya que la mujer bella y elegante, en una palabra la mujer ‘’chic’’ luce año sus galas y es objeto de la admiración general. México, como Longchamps o Anteuil, resplandece cada vez que hay carreras de caballos.  I

El precioso espectáculo del deporte hípico es indudablemente el que atrae en estos días la mayor atención del público capitalino puesto que concurre todos los domingos lo más selecto de las colonias extranjeras y de la sociedad mexicana. El Hipódromo es el lugar de moda en la actualidad. II
Fotografía de Jockey con caballo en el Hipódromo de la Condesa, México, D.F. Autor: Casasola SINAFO, vía fandelacultura.mx

Fotografía de Jockey con caballo en el Hipódromo de la Condesa, México, D.F. Autor: Casasola SINAFO, vía fandelacultura.mx

En este espacio también se presentaba otro tipo de deportes hípicos, como los torneos de polo que, organizados por el Polo Club, se presenciaron hasta 1924 y las charreadas a cargo de la Asociación Nacional de Charros, presidida por Carlos Rincón Gallardo, marqués de Guadalupe, quien junto con otros ventilaba sus títulos nobiliarios en ocasión de estas diversiones públicas. La républica y la Revolución quedaban tan sólo como un mal sueño. Durante las charreadas organizadas al finalizar 1922, entraron las reinas, elegidas entre los jóvenes de la clase alta, vestidas de chinas poblanas en tres lujosos carruajes escoltados por charros. El entusiasmo que generaban los espectáculos presentados en el Hipódromo de la Condesa no parecía presagiar que pronto éste tendría que cerrar sus puertas. La situación de esta pista de caballos empezó a presentar problemas para el Jockey Club.
En noviembre de 1922, el gobernador del Distrito Federal, Celestino Gasca, designado por Obregón entre las filas sindicalistas de la CROM, decidió elevar el impuesto predial, considerando los terrenos del hipódromo como no edificados. Después de una querella legal, en julio de 1923 los representantes del Jockey Club ganaron un amparo donde se estableció que el alza de impuestos que pretendía implantar el jefe de gobierno de la entidad era improcedente. Pero justo en ese año vencía el plazo fijado en el contrato de compra del terreno del Jockey Club de 1908 para que pudiera fraccionarlo. Sus socios decidieron iniciar los trámites para convertirlo en colonia, aprovechando la plusvalía que había generado en los quince años transcurridos desde entonces. En 1923 se había convertido ya en un valioso islote en medio de los fraccionamientos que lo rodeaban, e interrumpía la comunicación entre las colonias Condesa y Roma.
El proceso de urbanización de la colonia Hipódromo Condesa ilustra las particulares relaciones que se establecieron entre los empresarios porfirianos y el Estado posrevolucionario. Las obras de la nueva colonia requerían una inversión considerable, por lo que los socios del Jockey Club optaron por celebrar un contrato con el exitoso y experimentado fraccionador José G. de la Lama y su joven socio Raúl A. Basurto. Aquél había incursionado en el negocio de los bienes raíces durante el Porfiriato y en esos años comercializaba, en sociedad con Basurto, los terrenos de la colonia Insurgentes Condesa y de la fracción Insurgentes-Jalisco. El 19 de noviembre de 1924, firmaron el convenio notariado con estos dos empresarios, quienes se comprometieron a realizar todos los gastos y gestiones de la urbanización.
La colonia Hipódromo Condesa se convirtió en orgullo de la ciudad por su enorme parque y por la calidad de los servicios que ofrecía. En febrero de 1926 se inauguraron las obras, en agosto del siguiente año se estrenó el alumbrado público con un gran festival, juegos pirotécnicos, música y un combate de flores al que asistieron muchos capitalinos.
Fuentes:
http://www.revistadelauniversidad.unam.mx
I. ‘’ Una escogida concurrencia presencia ayer las carreras en la Condesa’’, en Excélsior, 2 de abril de 1922.
II. ‘’Brillante y selecta fue la concurrencia ayer mañana al Hipódromo Condesa’’, en Excélsior, 24 de abril de 1922.

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